viernes, 9 de marzo de 2007

La vuelta de un peso pesado


Conocida es la frase “siempre se vuelve al primer amor” y en este caso Rocky Balboa vuelve al cuadrilátero, no para su ego personal sino para saldar algunas deudas pendientes.
En alguna medida sucede lo mismo con esta última entrega de la saga, que viene a hacer justicia de un personaje que en sus sucesivas apariciones fue perdiendo su luz propia.
La película intenta abordar los mismos valores que se manejaban en la primera “Rocky”. Pasaron 30 años y el semental italiano, ahora esta a cargo de un restaurante y pasa sus días de noche contando sus historias de ring, y temprano en el cementerio junto a lo que fue su mujer Adrian.
Es interesante el tratamiento que se le da a este personaje ya que a fuerza de distintos flashback se gesto un carácter importante y decisivo en las acciones de Balboa. Se logra, bien digo, una dialéctica de ausencia-presencia.
El hijo de Rocky (juniors) reniega de su condición e intenta forjarse una carrera y una vida en paralelo, olvidándose que a todos los problemas se los tiene que afrontar para su posterior superación.
Como no podía se de otra manera, y acorde a los tiempos que corren, ya sea por el manejo dispuestos por los medios de comunicación o el avance de los video juegos (en América es una industria independiente y maneja millones de dólares); en una simulación hacen chocar al chocar al actual campeón de los pesos pesados con Rocky. Acá no solo se contraponen dos décadas totalmente distintas sino una forma de relacionarse, de manejarse, de adquisición y prestancia; olvidándonos por un momento de cómo la sociedad americana responde a la condición de negro y blanco respectivamente.
El desenlace de la película es el combate entre estos dos campeones; la preparación de Balboa con su entrenador físico, su cuñado y la gente que acompaña su vida es la parte más emotiva del film. Un párrafo aparte merece la escalinata en Filadelfia que goza de una belleza singular.
La pelea en cuestión se desarrolla hasta el final y más allá del resultado, la victoria siempre es personal sin importar el grado de exposición de cada individuo.

BUENA

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